Aurora respira aliviada. En el Hospital Arnau de Vilanova el generador de emergencia ha comenzado a funcionar. Las luces parpadean a medida que recuperan la potencia. Una descarga de luz , imprevista, ciega a más de uno. Pronto la gente se reencuentra y se saludan con la mirada. Han estado muy cerca en la oscuridad pero aún así no se sienten cercanas entre ellas.
Aurora es un vendaval . Va espoleando a sus atónitas enfermeras. Tienen que trabajar. El pulso a la sala de urgencias se ha de ganar.
Los guardias de seguridad , con alguna que otra chulería , van calmando a la gente para que no impere el caos . Las del mostrador de recepción tienen una turba gritona exigiendo explicaciones de sus familiares. Los responsables médicos, al igual que Aurora, mandan y ordenan a todos sus subordinados.
Las conversaciones se entremezclan y el nivel de ruido sobrepasa lo que seria recomendable para un hospital .
Aurora decide poner fin al cúmulo de despropósitos . Se planta , entre la puerta de acceso a urgencias y la sala de espera. Firme y autoritaria. Vocifera y llama la atención de todas las personas.
--“Ha habido un apagón , cierto. Pero el generador nos proporcionará suficiente. Mantengan la calma y todo volverá a la normalidad.—
Después del discurso de Aurora, el silencio. Vuelve a evaluar la sala de espera. La mujer gitana todavía sigue en gesto tensionado y desafiante . Hay una enfermera entremezclada con la gente de la sala de espera . El chico de la esquina esta mucho peor, esta casi caído en el suelo, el pantalón claramente mojado denota una fuerte hemorragia. Aurora , acto reflejo , llama a dos celadores y una enfermera, para ingresar a ese chico.
Una chica pasa por su lado casi desfallecida . Lleva la bata de ingresada pero lo que le llama la atención es una herida en el brazo que tiene mala pinta. En principio no hay nada por lo que Aurora pueda interesarse , pero no se acuerda que ese tipo de herida le hizo vivir la experiencia más aterradora de su vida.
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