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viernes, 1 de abril de 2011

Dolor ajeno.


Lleida es una ciudad con una cifra aproximada de dos cientos mil habitantes. Nadie sabe exactamente cuál es la cifra . La inmigración ha crecido de forma exponencial en los últimos años para convertirse en el nuevo baby boom de los tiempos modernos.
La ciudad esta separada por el río Segre , Sícoris en Latín . El centro neurálgico se concentra en la gran Seu Vella que contempla toda la planicie. Y entorno a ella se desenrolla la ciudad , un rotonda kilométrica.
El aumento de población se ha hecho notar en casi todos los barrios , a priori las zonas más asequibles para adquirir una vivienda. Los ha hecho crecer hasta convertirse en pequeños pueblecitos, cuando antes el pueblo era toda la ciudad.
Los equipamientos de la ciudad mejoran año tras año . Sobretodo los que se refiere a la mejora de equipamientos de la ciudad . Puentes , pasarelas , farolas , aceras y carriles bici . Pero se han dejado en el tintero , algún teatro municipal, una zona de aparcamiento no de pago, zonas ajardinadas para que la gente no tenga que bajar al río para sentarse en un poco de césped , una política menos especulativa con los terrenos municipales , más guarderías , más escuelas públicas , un mejor aprovechamiento del Turó de gardeny y sobretodo por encima de todas las cosas , la mejora o remodelación del sobresaturado Hospital Arnau de Vilanova.
Construido hace cincuenta años , en la época dorada del Franquismo en España . Ha sido mejorado , remodelado , ampliado , parcheado y recauchutado. Los enfermos soportan unas listas de espera agónicas , colas eternas en las urgencias, estancias en los pasillos de todo el hospital .
Llega tarde.
Aurora empieza el turno de noche. Sabe que va a ser un noche movidita. Comas etílicos , sobredosis de toda clase de estupefacientes, infartos , empachos, y todo los efectos posibles en el cuerpo después de esta noche llena de excesos.
Acaba de entrar y ya ve el pasillo llenito de gente. Aparte de los abuelitos moribundos, esta noche se ven bastantes heridas superficiales, mucha gente con paños, toallas, trapos tapando heridas sangrantes.
Aurora estudio seis años de facultad en Lleida , luego se fue a hacer el M.I.R . Allí saco un buen numero para poder elegir Barcelona como destino de sus practicas de Traumatología. En todo este tiempo entre quirófanos , salas de heridos y colaboraciones con equipos de fútbol ha visto bastantes cosas desagradables para la mayoría de los humanos. Siempre ha mantenido el control delante de situaciones llenas de dramatismo. El dolor ajeno no le ha impactado demasiado nunca llegándose a insensibilizar en demasía. Huesos rotos que sobresalen de la piel y que con sus propias manos han vuelto a entrar en el cuerpo. Hombros dislocados que necesitaban ponerse de nuevo en su sitio . Algún paciente lleno de ira , llorando de dolor, se le rompió algún diente por apretarlos para soportar el dolor que Aurora le afligía en situaciones limite .
Pero en el quirófano arreglar tabiques nasales con un martillo o encajar una mano totalmente desecha por un accidente de tráfico son cosas que para ella no tenían repercusión . Pero ya había visto algún machote desplomarse a su lado. Eso , a veces , le hacia reírse malévola.
Un rápido vistazo a los pacientes que esperan la lleva a evaluar la situación ante su llegada. Solo observa pacientes que le pueden acabar derivando y avanza terreno , siempre lo ha hecho. Calcular y ser previsora va con la personalidad . El afán de control es siempre adictivo para Aurora , más en su trabajo. Forma parte de su rutina.
Así a primera vista distingue un par de contusiones con mala pinta, cerca de la zona pulmonar y el abdomen. Parecen tener algo de hemorragia interna , ellos serán los primeros. Muy a pesar de la señora gitana , muy sobrepasada de peso, que no para de gritar para que atiendan a su marido por una mordedura de perro en la mano. Después hay un chico joven , que se le están saltando las lágrimas de dolor y que se esconde al final de la sala por vergüenza a que le vean llorar. Cojea de una pierna y parece que también tiene algo de sangre , que se intuye a través del pantalón. En esa esquina con esa mirada desafiante a quien se burle de él y lleno de dolor , es un lobo acorralado , una presa demasiado asediada por la vida.
Manos a la obra . Va a llamar a sus dos enfermeras .

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