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viernes, 8 de abril de 2011

Entrada de Emergencia


Tardan unos pocos minutos en llegar al Hospital Arnau de Vilanova. Las amigas de Carla han parado a un coche en pleno Paseo de Ronda . Preocupados parecen los dos chicos que han parado para subir a la sangrante Carla. Los dos fingen preocupación pero a medida que van pasando los segundos dentro del coche , el que conduce se preocupa por la tapicería y el que acompaña por las piernas de una de las amigas de Carla.
La entrada de urgencias esta en reformas y llena de gente con cara desesperada . Ellas entran directamente por la puerta de acceso de ambulancias. El segurata para barrar el paso a personas que no deben entrar por esa entrada, de uso exclusivo para las ambulancias, al ver los jóvenes del país tres chicas y dos chicos de aspecto adinerado , cede la prioridad de entrada . Solo ve gente extranjera deambulando por sus pasillos de urgencias.
Una enfermera socorre a los jóvenes y da el aviso para los celadores. En un santiamén Carla esta encima de un camilla , con dos enfermeras y un celador .
Las amigas de Carla le hacen saber a los sanitarios que tiene una fuerte mordedura en el antebrazo .
No sin esfuerzo le quitan las mano de encima de la herida , Carla se aprieta como reacción primitiva al dolor y al horror. Su mano izquierda se retira y muestra a las enfermeras una herida con una hemorragia abundante mezclada con trocitos de carne y piel desgarrada , también algunos puntitos de pus cosa muy rara para el poco tiempo de la herida. El brazo de Carla se ha convertido en un gran plato de spaghettis con queso y mucho tomate.
Doblan la esquina de el primer pasillo y el celador indica a los acompañantes la prohibición de paso , solo para personal del hospital.
En el pack médico ahora se les adjuntan un médico joven que da órdenes pertinentes para intentar parar la hemorragia , que se esta volviendo abundante. Gasas y demás paliativos no paran realmente ese río de sangre. Nadie entiende como puede haber tal flujo de sangre en una zona donde no pasa ninguno de los torrente principales del cuerpo humano. El médico en un anormal ataque de celeridad prepara el equipo para suturar la herida y coser la carne viva . Sin anestesia no da tiempo, piensa él. Llama a dos celadores que están mirando el espectáculo desde el pasillo de acceso al Box de Urgencias.
Indica a los raudos celadores que sujeten a la paciente y que por favor se pongan guantes . Las enfermeras comienzan a temerse lo peor y saben lo que a ver a continuación. Son actos que esas mujeres no olvidan fácilmente . Tienen buen salario , un sitio de trabajo bastante cómodo y el futuro asegurado , pero aún así cada cierto tiempo sucede un hecho como el de Carla y tienen una temporada en la que no pueden dormir o relajarse sin oír los gritos que Carla que ya ha comenzado a vociferar al sentir el fuerte pinchazo en la zona de su cuerpo más dolorida.
El dolor es agudo . Aprieta los dientes tanto que parece que vayan a romperse. Los ojos lloran y tiene sus uñas clavadas en su propia mano.
Es curioso desviar el dolor intenso provocando más dolor en otras zonas. Sencillo pero efectivo.
Las amigas de Carla están ahora en la sala de espera, con los dos chicos . Uno de ellos lleva una camisa rosa para hombre con dos banderas argentinas de un club de Polo que jamás pisará ni sabe tan siquiera dónde se encuentra. Y el otro un bonito jersey con el caballito de Burberrys de color marrón y una estupenda mancha de sangre en palmo en medio de la barriga.
El ambiente en la sala de espera es triste. Las caras tristes es un denominador común en todos sus ocupantes. Los extranjeros realmente enfermos por no saber bien que va a pasar por venir a que les atiendan. Los gitanos, en pie , desafiantes a cuanto sale de el pasillo de acceso a urgencias con miradas de presión hacia las jóvenes enfermeras. Y muchas madres desesperadas por que su hijo no para de llorar y no saben por qué.
Dentro del box de urgencias Carla esta mareada. Comienza a no dolerle la herida. La visión se le nubla y eso hace que el médico se preocupe en sobremanera . No puede soportar tanto dolor y la sombra del shock esta rondante.
La operación de sutura ha acabado y Carla sonríe agradecida , aún no sabe por que . El último cuadro que sus ojos captan es un guapo médico pegándole en la cara . No nota nada . Ninguna de las bofetadas , de sonoro impacto, consigue reanimarla y cae inconsciente.

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